Está científicamente comprobado que el entrenamiento de fuerza es una de las intervenciones más eficaces para preservar y mejorar la densidad mineral ósea después de los 40 años.

    El hueso no es un tejido pasivo: responde al estímulo mecánico generado por la contracción muscular. Cuando una persona realiza ejercicios de fuerza, las cargas transmitidas al esqueleto activan el proceso de remodelación ósea, estimulando a las células formadoras de hueso y favoreciendo el mantenimiento de la masa ósea.

    La evidencia muestra que programas de fuerza progresiva pueden aumentar o, al menos, frenar la pérdida de densidad mineral ósea en zonas críticas como la cadera y la columna, que son las regiones con mayor riesgo de fractura. Un hecho clave es que esta capacidad de adaptación del hueso se mantiene en la mediana edad y en edades más avanzadas, siempre que el estímulo sea suficiente, regular y progresivo.
    Otro punto comprobado es que el entrenamiento de fuerza no solo actúa directamente sobre el hueso, sino que también mejora la fuerza muscular y el equilibrio, lo que reduce el riesgo de caídas, un factor determinante en las fracturas por fragilidad.

    El beneficio sobre la densidad ósea depende del tipo de ejercicio: los mayores efectos se observan con ejercicios de resistencia y carga mecánica relativamente alta, bien planificados y sostenidos en el tiempo. Por tanto, lo científicamente sólido es que, después de los 40 años, el entrenamiento de fuerza es una herramienta real y efectiva para proteger la salud ósea y reducir el riesgo de osteoporosis y fracturas.

    Por: Redacción TOPDOC

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