Al despertar, el cerebro se encuentra en un estado de transición entre el sueño y la vigilia. Durante estos primeros minutos, la actividad cerebral cambia gradualmente, permitiendo que las funciones cognitivas, emocionales y hormonales se activen de forma ordenada. Interrumpir este proceso tomando el celular de inmediato puede alterar este equilibrio sin que la persona lo note.

Cuando se usa el celular apenas se abren los ojos, el cerebro recibe una sobrecarga de estímulos visuales, información y demandas cognitivas. Notificaciones, mensajes y redes sociales activan de forma abrupta el sistema de alerta, elevando la liberación de cortisol y adrenalina desde los primeros segundos del día. Este inicio acelerado coloca al cerebro en “modo urgencia” antes de haber completado su proceso natural de activación.
Además, la exposición temprana a la luz azul de la pantalla inhibe la melatonina residual, una hormona que aún cumple funciones de regulación emocional y cognitiva al despertar. Al suprimirla bruscamente, se favorece una sensación de nerviosismo, dificultad para concentrarse y mayor reactividad al estrés durante la mañana.

Desde el punto de vista neurológico, este hábito refuerza patrones de atención fragmentada. El cerebro aprende a saltar rápidamente entre estímulos, reduciendo la capacidad de concentración sostenida y aumentando la sensación de fatiga mental a lo largo del día. Con el tiempo, este patrón puede afectar la memoria de trabajo y la claridad mental.
A nivel emocional, iniciar el día con información externa —noticias, mensajes o comparaciones sociales— influye en el estado de ánimo basal. El cerebro aún no ha establecido su equilibrio interno, por lo que es más vulnerable a la ansiedad, la irritabilidad o la sensación de saturación mental.
Retrasar el uso del celular durante los primeros minutos tras despertar permite que el cerebro complete su transición natural. Actividades simples como estirarse, respirar profundo o beber agua ayudan a una activación más estable del sistema nervioso. Cómo comienza el día el cerebro influye más de lo que parece en su rendimiento y bienestar posteriores.

Fuente: Journal of Behavioral Addictions; Frontiers in Psychology; National Institute of Mental Health; Harvard Medical School.
Redacción TOPDOC





